El LocoMe preguntas cómo me volví loco. Sucedió así: un día, mucho antes de que muchos dioses hubiesen nacido, desperté de un largo sueño y encontré que todas mis máscaras me habían sido robadas -las siete máscaras que yo había moldeado y usado en siete vidas-. Corrí a rostro descubierto por las atestadas calles gritando: "¡Ladrones, ladrones, malditos ladrones!".
Hombres y mujeres se reían de mí, y algunos huían corriendo a sus casas por miedo de mí.
Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven que estaba en el tejado de una casa, gritó: "Mirad, un loco". Miré hacia arriba para verlo; besó entonces el sol mi rostro desnudo, y ya no quise más las máscaras. Y, como si estuviese en trance, grité: "Benditos, benditos sean los ladrones que robaron mis máscaras".
Así fue como me volví loco.
Y encontré libertad y seguridad en mi locura; la libertad de la soledad y la seguridad de estar a salvo de ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan algo en nosotros.
Mas no quiero mostrarme demasiado orgulloso de mi seguridad. Incluso un ladrón, en una cárcel, está a salvo de otro ladrón.
Gibrán Khalil Gibrán
